Una visita a Kálida con Rosy Williams

rosy williams

Visitamos el centro Kálida, en el recinto del hospital de Sant Pau de Barcelona, de la mano de una cicerone excepcional: Rosy Williams, una de las principales impulsoras del proyecto. Kálida es un centro, perteneciente a la red internacional de los Maggie's Centres, cuyo objetivo es dar apoyo gratuito, tanto psicológico como práctico, a los pacientes de cáncer así como a sus familiares y amigos.

Es una tarde de finales de mayo y el centro acaba de ser inaugurado hace escasamente dos semanas. Todavía algunos flecos de la construcción, como la cinta plástica que circunda la estructura metálica de la marquesina que dará sombra al jardín, delatan el carácter novísimo de la obra.

Rosy es una mujer acogedora que habla pausadamente en voz baja para no perturbar la atmósfera sosegada del lugar, aunque a la hora de nuestra visita solo queden un par de personas del equipo asistencial.

El éxito del centro ha sido fulgurante; en esas dos semanas han pasado por él más de cuatrocientas personas. Aunque, como nos dice Rosy: "solo en el hospital de Sant Pau se diagnostican unos 3.300 casos nuevos cada año y 40.000 en el conjunto de Cataluña". Y no es extraño ese éxito, porque el lugar trasmite paz.

 

entrevista rosy williams

¿Un centro Maggie en Barcelona?

Rosy es escocesa y hace años, cuando ya vivía en Barcelona, le diagnosticaron un cáncer. Fue aquel verano, estando en su país recabando una segunda opinión, cuando oyó hablar por primera vez de Maggie's y se acercó a su centro de Edimburgo. "No sabía qué podía esperarme, ni tan siquiera Edimburgo era la ciudad donde estaba y me encontré con una ayuda incondicional". Le impactó no solo el lugar, una especie de cottage plácido y recogido, sino sobre todo la generosidad. "Una generosidad no solo a nivel de tiempo, en el sentido de que, cuando tú entras, el equipo consigue darte la sensación de que, en ese momento, eres la única persona importante".

Tras regresar a Barcelona para iniciar su tratamiento, empezó a buscar algunos de los elementos de Maggie's que tanto consuelo le habían aportado. Pero no fue hasta años más tarde, cuenta Rosy, cuando "un día de 2006 me desperté y me dije: ‘¡Pero si es obvio, Barcelona es perfecta para tener un centro Maggie!’. Tenía todo lo necesario: excelencia médica, hospitales de referencia, investigación en oncología y biotecnología, y, además, arquitectura y diseño [...]. También me impactó mucho que Domènech i Montaner ya tuviera en 1902 la visión de que el ámbito, el entorno, impactaba directamente en el proceso de curación de la persona [...]. Y además, increíblemente, en Sant Pau había espacio". Tanto la dirección del hospital como los oncólogos y la fundación privada se mostraron interesados en el proyecto, pero entonces, al estallar la crisis económica de 2008, todo se paralizó. Tras 13 años de perseverancia, el centro Kálida se ha hecho realidad este mayo de 2019. "Todavía hoy no me lo acabo de creer", confiesa Rosy.

Recuperar la escala humana

La filosofía del centro, nos dice, es que el paciente de cáncer recupere el sentimiento de ser persona. Porque un diagnóstico así coloca al que lo padece, y también a sus allegados, en una situación en la que siente que carece totalmente de control. "El tratamiento, las citas te arrastran; pero no solo tienes un cáncer, tienes también el resto de tu vida [...]. Los hospitales hoy en día parecen aeropuertos y son así porque están procesando una cantidad de gente importante de la manera más eficiente posible. Lo que aquí pretendemos es devolver la escala humana creando un ambiente doméstico. [...] En el hospital eres paciente, pero vienes aquí y eres persona".

centro kalida barcelona

Y en ese objetivo de reconciliación y consuelo, la arquitectura cumple una función primordial. En este edificio orgánico, introspectivo y a la vez abierto al jardín que lo circunda, todo se concita para ese reencuentro: "El espacio es una gran ayuda, porque cuando una persona llega y se relaja, cualquier conversación es muchísimo más eficaz, está más predispuesta a hablar, a expresar sus preguntas, inquietudes y emociones.[...] El diagnóstico de cáncer provoca o revela otras cosas en tu vida que quizás no iban bien y muchísimas veces hay cosas que es arriesgado hablar con la familia y es necesario un escape".

Los profesionales especializados en psicooncología, asistencia social y enfermería oncológica tratan de satisfacer esas necesidades tanto emocionales como prácticas. "Los grupos de relajación, por ejemplo, son en cierta medida psicoeducativos, algo que puedes incorporar a tu día a día, pero también sutilmente son una forma de autoayuda. Es una ayuda que crea comunidad y aporta seguridad y sensación de protección, porque en realidad cada persona, no importa si es un cuidador u otra persona, comparte un poco de lo que estás viviendo, y esto también es muy importante".

Cae la tarde y llevamos todo el tiempo hablando en susurros. Es sorprendente cómo esta atmósfera de tiempo suspendido nos ha ido sumiendo en un estado de paz interior. Nos despedimos de Rosy y al salir sentimos cierta pena por tener que volver de nuevo a las calles y al ruido del mundo.

Fotografía 1-2: Jorge de Jorge Jordán

Fotografía 3: Roberto Ramos

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