A orillas del Guadalquivir

Pino Douglas. Mármol de Calacatta. Vidrio. Módulos bulthaup blancos y aluminio bronce. Y luz, muchísima luz. La conjunción de estos elementos convierte el piso ubicado en la última planta de un edificio clásico de Sevilla en un escenario perfectamente adaptado a la vida de sus propietarios, la gerente de banca personal Inmaculada Ferrero y el anestesiólogo Antonio Bernard; a la vez, revela el sello de Francesc Rifé en el juego de volúmenes geométricos y en el dominio del uso de la madera.

El proyecto requirió derribar divisiones de la distribución original para permitir que la luz se adentrara en todos los rincones del gran espacio común, donde la cocina se erige como el centro neurálgico de la vivienda. El mobiliario bulthaup b3 juega con el contraste entre el aluminio bronce oscuro en los módulos murales y el blanco mate para el amplio monobloc que articula la unión con la zona de estar.

Antonio nos cuenta sus vivencias de primera mano

¿Qué papel queríais darle a la cocina en el nuevo proyecto?

Nuestra intención era crear un sitio que fuera protagonista de la vivienda y que a la vez nos resultara cómoda a nosotros. ¿Para qué usáis la cocina?

Es un espacio de encuentro y relación con los invitados, además de una cocina a diario para los dos. Aunque Inma cocina más que yo —suelo trabajar hasta muy tarde—a los dos nos gusta cocinar. Nos resulta muy agradable poder compartir el espacio, cocinar juntos en el fin de semana. Y a la vez la cocina se convierte en el lugar de reunión, un espacio de trabajo… el punto más frecuentado de la casa.

¿Qué exigencias o limitaciones específicas teníais?

De entrada, tuvimos que demoler los tabiques de la vivienda original para poder unir el salón, el comedor y la cocina en un único espacio y aprovechar las vistas al río, a la Maestranza, a la Torre del Oro… Además, como yo paso tantas horas en el quirófano, me resultaba importantísimo recuperar la luz. Un periodista del Wall Street Journal que vino a hacernos un reportaje se sorprendió del contraste con la arquitectura tradicional andaluza, que se protege contra la luz, huyendo del calor. En nuestro caso, en cambio, era una prioridad absoluta conseguir un espacio luminoso. Otra limitación que tuvimos que superar fue la decisión de la altura del monobloc. No me convencía la opción de sentarnos en taburetes altos para mantener la altura de una encimera convencional, superior a la de una mesa de comedor. Al final convencí al equipo de hacerlo al revés: bajar la altura de cocción a la que resultaría cómoda para sentarse para poder alargar las sobremesas sin tener que irnos al salón y romper la fluidez del momento. El resultado ha sido fantástico. Nuestros amigos e incluso los familiares de más edad pueden seguir sentados a la mesa mientras charlamos, tomamos cafés, una copa… y, curiosamente, no nos resulta nada incómoda la altura de cocción un poco más baja que la habitual.

¿Ese cambio requirió algún ajuste adicional?

Sí. Al reducir la altura de la encimera, la distancia hasta la extracción del techo era mayor. Para compensar, instalamos un motor adicional en el extractor, con salida al exterior. El resultado es impecable.

¿Por qué habéis elegido una bulthaup?

Conocíamos la marca, y nos atraía tanto por el diseño como por su idea de convertir la cocina en un punto de encuentro y relación. No queríamos una cocina tradicional sino un lugar donde pudiéramos recibir invitados y que a su vez cumpliera con las funciones de una cocina habitual. Al principio Inma era un poco reticente a tener la cocina abierta, pero ahora está encantada.

¿Es vuestra primera bulthaup?

Sí. ¿El precio fue un condicionante?

Fue un precio alto pero hicimos el esfuerzo por los motivos que acabo de citar. Queríamos un sitio de relación y encuentro.

¿Qué beneficios os aporta vuestra cocina bulthaup?

Diseño, comodidad, calidad y cumple nuestras necesidades. Los amigos se sientan con nosotros mientras cocinamos, nos echan una mano, toman una copa de vino… y las sobremesas se alargan, nadie tiene prisa por levantarse. De hecho, casi todas nuestras cenas y comidas en compañía transcurren aquí, es donde nos encontramos más a gusto. Solo nos trasladamos a la mesa del comedor en contadas ocasiones particularmente formales, como la comida de Navidad.

¿Recuerdas la primera sensación al usar tu cocina nueva?

Sí. Fue una sensación muy agradable de comodidad, que cada día disfrutamos más: cumple todo lo que nos habíamos fijado.

¿Qué es lo que más os ha impactado de la experiencia bulthaup?

La cocina se ha convertido en el núcleo principal de nuestra vivienda, integrándose por completo en el conjunto. Y quiero añadir que sin la profesionalidad, amabilidad y comprensión del estudio de Francesc Rifé y el equipo de bulthaup Marbella no habría sido posible llegar a este resultado.

¿Ha pesado en vuestra decisión el factor de la intemporalidad de la marca?

Sí. De hecho, hemos podido comprar el ático de al lado, lo que nos permitirá ampliar la vivienda. Aunque no sabemos todavía la forma exacta que tomará, sí sabemos que la cocina permanecerá igual: no tenemos ninguna necesidad de replantearla, porque seguirá cumpliendo todas sus funciones, perfectamente adaptadas a nuestra forma de vivir. Seguiremos disfrutando de ella tal cual está.

Fotógrafo: Fernando Alda

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